Cuando llegan los primeros “no”: rabietas tempranas, movimiento constante y límites que cuidan el vínculo.
Imagina la escena: tu peque, que hace nada era un bebé monísimo y más o menos predecible, ahora se planta en mitad del salón, te mira a los ojos, grita “¡NO!” y lanza el juguete al suelo. O intenta morder más que tu caniche cuando le quitas algo peligroso de la mano. O se arquea en la trona como si fuera la niña del exorcista y convierte la comida en “ lluvia de albóndigas”
De repente, sientes que pasas el día apagando pequeños incendios y diciendo que no a todo.
Entre los 12 y los 24 meses, muchas familias viven esta etapa con sorpresa, culpa y mucha duda: “¿se me está subiendo a la chepa?”, “¿estoy siendo demasiado blanda?”, “¿por qué se enfada tanto por cosas tan pequeñas?”. Estas son las frases típicas que me llegan en las sesiones. Lo que desde fuera se ve como “caprichos” o “mal comportamiento”, desde dentro del desarrollo es otra cosa: un cerebro y un cuerpo que empiezan a decir “yo” con fuerza, pero todavía no tienen las herramientas para hacerlo de forma tranquila.
En este artículo me gustaría darle otra mirada a esta etapa: ver esos primeros “no”, mordiscos y rabietas tempranas como señales de crecimiento, no como una guerra de poder. Y desde ahí, ofrecerte ideas concretas de crianza respetuosa y límites que cuidan el vínculo, para que puedas sostener el proceso sin sentir que tienes que elegir entre dejarle hacer de todo o convertirte en sargento.

De bebé a explorador: qué cambia entre los 12 y los 24 meses
Algo importante que pasa alrededor del año, es que tu bebé deja de ser solo un bebe que recibe cuidados, para empezar a transformarse en una persona que quiere decidir. Se mueve más, llega a sitios que antes no alcanzaba, se pone de pie, camina, corre, empuja, tira, se encarama a los sitios más insospechados y prueba lo que puede y lo que no puede hacer. Su autonomía crece, y con ella, su necesidad de probar límites corporales, emocionales y sociales.
A nivel emocional y cognitivo, está ocurriendo algo parecido. Tu peque empieza a tener deseos propios muy claros (“quiero esto ahora”, “quiero seguir”, “no quiero que me cambies el pañal” ” quiero este juguete” ” esto es mío…”), pero todavía no tiene lenguaje suficiente ni recursos de regulación para expresar esa frustración de forma tranquila. El resultado suele ser una mezcla de gritos, llanto intenso, arqueos, golpes, lanzamientos de objetos y esos “no” rotundos que nos descolocan tanto como adultos y que además tienen muy mala prensa: las rabietas.
No es que de repente “se haya vuelto malo” o se esté “aprovechando”. Es que su desarrollo le empuja a buscar autonomía y control, mientras su cerebro emocional sigue siendo muy inmaduro.
Primeros “no”, mordiscos y golpes: cuando el cuerpo habla por la boca
Lo que vemos como desafío y lo que realmente está pasando
Cuando tu peque de 1‑2 años tira algo al suelo mirándote( en plan desafiante) , muerde, pega o empuja, es fácil leerlo como un desafío personal. Pero, si miramos el desarrollo, lo que suele haber detrás es una mezcla de:
- Incapacidad para expresar con palabras lo que siente o quiere.
- Frustración por no poder hacer algo que desea.
- Curiosidad por ver “qué pasa si…”.
- Necesidad de atención y conexión contigo.
A esta edad, muchas rabietas son literalmente arrebatos emocionales: descargas de un sistema nervioso que todavía no sabe modularse, especialmente cuando hay cansancio, hambre, sobreestimulación o cambios de rutina. El cuerpo responde antes que las palabras, es que además muchas veces no las hay. Nosotros decimos que en esta etapa todavía se expresan más con el cuerpo que con las palabras.
Conductas que nos vuelven locos, pero son frecuentes y esperables
Hay algunas escenas que preocupan mucho y que, sin embargo, son muy frecuentes en 1‑2 años:
- Tirar comida desde la trona “para ver qué pasa” una y otra vez.
- Morder a otro niño o al adulto cuando algo les frustra o quieren un juguete.
- Pegar cuando les quitan un objeto o se les dice que no.
- Lanzar juguetes, golpes contra el suelo o portazos pequeños.
Esto no significa que “haya que dejarlo pasar todo”, pero sí que conviene partir de una idea: es esperable que estas conductas aparezcan en este tramo de edad, y tu labor no es castigarlas desde el miedo, sino acompañarlas poniendo límites claros y respetuosos, mostrándole cómo hay que hacer en estas situaciones, mientras tu peque gana poco a poco otras formas de expresar lo que siente. Cuando pones los limites con calma y firmeza, le estás diciendo que eres confiable y le estás ayudando a hacer ese “training” que necesitan para integrar cómo desenvolverse en cada situación. Y cuando le acompañas mostrando y narrando con palabras.. le estás ayudando a saber cómo responder en cada situación.

Rabietas tempranas: de “me está desafiando” a “está desbordado”
Las rabietas ( yo prefiero decir desbordes emocionales) suelen empezar alrededor del año y medio ( cada niño/a es un mundo) y pueden aparecer de forma diaria (o casi) hasta los 3 años, llegando a ser más intensas entre los 2 y los 3. A esta edad, una rabieta no es un plan maquiavélico para fastidiarte el día. Es una combinación de:
- Deseo + límite (no puede hacer lo que quería).
- Falta de recursos de lenguaje para pedir de otra manera.
- Cansancio, hambre o sobrecarga sensorial.( o todo a la vez)
- Necesidad de tu presencia para poder regularse.
Desde la crianza respetuosa, cambiar la pregunta ayuda mucho. En vez de ¿cómo hago para que no tenga rabietas?, preguntarse ¿cómo puedo acompañar esta rabieta para que aprenda algo de ella y no se sienta solo con lo que le pasa? es un enfoque mejor para ell@s.
Algunas ideas:
- No discutir con la “rabieta” (cuando ya está en pleno volcán, el peque no razona).
- Poner límites claros a la conducta (“no te voy a dejar pegar / tirar”), mientras reconoces la emoción (“entiendo que estés enfadado”).
- Ofrecer tu presencia como ancla: estar cerca, a su altura, con un cuerpo que, dentro de lo posible, transmite calma.
- Ser su regulador externo. En esta edad co-regulamos.

“Yo solo”: autonomía, movimiento y necesidad de control
Entre el año y los dos años, “yo solo” se convierte en una especie de lema. Tu peque quiere subir las escaleras, beber del vaso, sujetar la cuchara, abrir cajones, cerrar puertas, subir y bajar del sofá… Y muchas de esas cosas chocan de frente con la seguridad que necesitamos o con el ritmo de la vida adulta.
Pero resulta que esta búsqueda de autonomía es una señal maravillosa de desarrollo, aunque lo solemos vivir como padres con mucha intensidad. Cada vez que algo no sale como tu peque quiere, o tú pones un límite, el sistema emocional se enciende y aparecen los gritos, la rigidez corporal o el lanzamiento de objetos. A veces, lo que está pasando es tan simple (y tan complejo) como: “quiero sentir que tengo algo de control en mi vida”.
Piensa qué poco control tienen realidad los niños y las niñas sobre sus vidas , nosotros elegimos qué comer, cuándo comen, cuándo van al cole, qué se ponen de ropa, cuándo van a casa de los abuelos… La pregunta es: ¿ les dejamos elegir algo a lo largo de su día?
Ofrecer momentos de elección ayuda mucho ( Opciones Limitadas de Disciplina Positiva)
- Elegir entre dos opciones de ropa (“la camiseta roja o la azul”).
- Elegir qué lado del sofá se sienta.
- Elegir que cuento vamos a leer antes de dormir.
Así, aunque el límite general se mantenga (no puede subir solo una escalera peligrosa, por ejemplo), tu peque experimenta que su voz cuenta en cosas que sí son seguras.
Lenguaje: entiende mucho más de lo que puede decir
En este tramo de edad, la comprensión suele ir muy por delante de la expresión. Muchos peques de 1‑2 años entienden frases completas, consignas sencillas y palabras familiares, pero siguen usando pocas palabras propias, o se comunican sobre todo con gestos, sonidos y miradas.
Esto tiene una consecuencia importante: sienten y piensan mucho más de lo que logran decirnos. La frustración por no poder expresar con palabras lo que necesitan alimenta muchos desbordes emocionales. No es que “no entiendan nada”, es que todavía no pueden organizar toda esa vida interna en frases.
Acompañar el desarrollo del lenguaje en esta etapa significa:
- Poner palabras a lo que ves que sienten: “veo que estás enfadado porque querías seguir jugando”.
- Ofrecer alternativas sencillas: “¿quieres más? di ‘más’ o señala con la mano”.
- Enseñarles algunos signos y usar lenguaje bimodal.
- Evitar ridiculizar sus intentos de hablar o imitar su forma de pronunciar de forma burlesca.
Comida y sueño en 1‑2 años: cuando el equilibrio se mueve otra vez
En muchos peques, alrededor del año, la comida y el sueño vuelven a cambiar. Lo que antes parecía bastante estable se vuelve a mover: menos apetito, más selectividad , más resistencia a irse a dormir, siestas que se acortan o reordenan.
Algunas cosas que suelen ocurrir:
- El crecimiento se desacelera respecto al primer año, y es normal que el hambre “parezca menos”.
- Aparece más selectividad: preferencias claras, rechazo de algunos alimentos que antes sí que les gustaban y amor incondicional por otros que podrían comer todos los días.
- El sueño puede mostrar nuevos cambios: no querer separarse, terrores nocturnos, despertares de nueva etapa.
Aquí, la clave es otra vez bajar expectativas imposibles y centrarse en:
- Ofrecer estructura (horarios amplios, rutinas), no rigidez.
- No convertir la mesa en campo de batalla ni el sueño en lucha de poder.
- Observar cambios sostenidos que preocupen de verdad (pérdida de peso, dificultades importantes), y consultar con profesionales cuando algo no te cuadra, en lugar de comparar sin parar con otros niños.
Mas info en nuestro curso sobre el sueño infantil.
Primeros límites: sostener sin castigos ni chantajes
Entre los 1 y los 2 años, los límites dejan de ser algo teórico y se vuelven muy concretos: no te dejo los dedos en el enchufe, no te dejo tirar cosas a la cabeza de otros, no te dejo morder, no puedes cruzar la calle solo/a…. Son límites que protegen su cuerpo, el de los demás y la convivencia básica.
Poner límite es fundamental, y no educas mejor por evitar el “no”, sino en aprender a decir “no” sin romper el vínculo. En este tramo de edad, eso se traduce en:
- Ser muy clara y muy breve: frases simples, a su altura, contacto visual y si es posible también físico. Esto significa bajar a su altura, tocarle mientras pones el límite,
- Nombrar lo que está prohibido y ofrecer alternativas. No vale un “ baja de ahí”, sino que puedes decir: “ no te dejo subir al banco, pero puedes subir al tobogán”
- Mantener el límite incluso si se enfada, pero sin humillar, gritar o avergonzar.
Ejemplos de frases posibles a esta edad:
- “La comida se queda en el plato. Si la tiras, entiendo que no quieres mas y terminamos.”
- “No voy a dejar que me pegues. Si necesitas sacar la rabia, puedes golpera este cojín.”
- “Eso no es seguro. Ven, vamos a jugar con esto otro.”.
Tu peque todavía no va a decir “tienes razón, mamá, gracias por tu límite tan respetuoso”. Lo más probable es que se enfade igual. Pero con el tiempo, la combinación de límites claros + presencia calmada construye una base muy valiosa: aprende que hay cosas que no puede hacer, y a la vez que no pierde tu amor por equivocarse.

No es un tirano en miniatura: es una persona en construcción
Me molesta mucho la percepción que tenemos de los niños y niñas de esta edad.. Escucho mucho lo de “ son unos pequeños tiranos” y la verdad no me gusta nada. Solo es espejo de la poca información que se tenemos a veces sobre los procesos de los peques. Si en este momento tu peque de 1‑2 años tira, muerde, pega, grita, se arquea, tira la comida o parece decir “no” a todo, no estás criando a un monstruo ni a un futuro adolescente insoportable. Estás acompañando una etapa profundamente intensa de construcción del “yo”, con un cerebro y un cuerpo que todavía van por libre muchas veces.
Mirarlo desde educar con otra mirada significa:
- Deja de tomarte cada gesto como un ataque personal.
- Observa las conductas como mensajes de necesidades, no como diagnósticos de carácter definitivo.
- Pon límites claros que protegen a todos, incluido tu peque.
- Sostente tú: pedir ayuda, regularte, reparar cuando te pasas, recordar que nadie acompaña perfecto todos los días.
Y sobre todo, entender algo muy liberador: tu valor como madre o padre no se mide por el número de rabietas que tiene tu hijo, sino por cómo te vas colocando una y otra vez para acompañarlo lo mejor lo posible.
Si estás en plena fase de “no” y cada día parece una negociación infinita, recuerda que no estás viviendo algo extraño: tu peque está empezando a ser persona… y eso se nota en casa.
Si diriges una escuela o trabajas en educación infantil y quieres profundizar en esta mirada —esa que pone la infancia en el centro—, te acompaño a hacerlo.
💬 Nuestras asesorías y formaciones personalizadas te ayudarán a crear equipos más conscientes, coherentes y profesionales.
Porque acompañar la infancia también se aprende.
👉Y si quieres que sigamos hablando de Educación y crianza con mirada consciente, suscríbete a la newsletter
AUTORA: Marian Rodríguez. Mamá de dos, maestra de Infantil y Primaria, Asesora de familias y de centros educativos.

0 comentarios