El cerebro en enero: por qué cuesta volver al ritmo (y cómo acompañar a niños y niñas en la vuelta)

Síndrome postvacacional infantil: neurociencia y estrategias

Enero no empieza de golpe. Aunque el calendario marque día 7, 8 o 9 y las mochilas vuelvan a colgarse del perchero, el cerebro —especialmente el cerebro infantil— va a otro ritmo. Uno más lento. El llamado síndrome postvacacional infantil es una realidad que cada vez más familias reconocen en sus hijos e hijas.

Después de las vacaciones, de hecho, ni siquiera justo a la vuelta, sino unos días más tarde de haber empezado, muchas familias nos cuentan un poco lo mismo:
“Está más irritable”, “le cuesta levantarse”,  “parece que no arranca”

La neurociencia nos invita a mirar esta etapa desde otro lugar. A entender que el cerebro no vuelve a la rutina como quien enciende un interruptor, sino como quien necesita tiempo para volver a sintonizar una frecuencia conocida.

Porque sí: el famoso “síndrome postvacacional” no es solo cosa de adultos. También lo viven los niños y niñas. Y entender qué ocurre en su cerebro es el primer paso como siempre, para acompañarlos mejor.

El cerebro infantil: una máquina plástica que necesita tiempo

Para comprender por qué enero cuesta, necesitamos empezar por lo básico: cómo funciona el cerebro infantil.

El cerebro de un niño no es un cerebro adulto “en pequeño”. Es un cerebro en constante construcción. Las conexiones neuronales se crean, se refuerzan o se debilitan en función de la experiencia y del uso frecuente que hagamos de esas conexiones. Cada hábito, cada rutina, cada cambio deja huella. La plasticidad cerebral permite esta adaptación constante. Aquí puedes profundizar sobre como establecer rutinas saludables.

Durante el curso escolar, el cerebro se adapta a:

  • Horarios  estables
  • Demandas cognitivas sostenidas
  • Normas sociales claras y concretas.
  • Ritmos de actividad y descanso predecibles

Pero durante las vacaciones, todo eso cambia. Y no pasa nada. De hecho, el descanso y la desconexión son necesarios para una buena salud cerebral. El problema no es el descanso. El reto está en la vuelta.

En vacaciones, el cerebro entra en un modo distinto:

  • Ritmos más lentos
  • Menos exigencia cognitiva
  • Más libertad de horarios
  • Más estímulos emocionales y sociales

El cerebro aprende rápido… y también se acostumbra rápido. Por eso, cuando en enero se le pide al cerebro volver a concentrarse, autorregularse, madrugar y sostener normas durante varias horas seguidas, no siempre responde con entusiasmo.

No porque no pueda. Sino porque necesita reajustarse.

El síndrome postvacacional también existe en la infancia

Durante años hemos asociado el síndrome postvacacional al mundo adulto: apatía, cansancio, irritabilidad, falta de motivación. Sin embargo, cada vez más estudios y profesionales coinciden en que los niños y niñas también viven este proceso de readaptación.

En la infancia, este “síndrome” no se expresa con palabras, sino con conductas:

  • Más rabietas
  • Mayor sensibilidad emocional
  • Dificultad para concentrarse
  • Quejas físicas (dolor de barriga, cansancio)
  • Resistencia a volver al cole

Desde la neurociencia, el síndrome postvacacional infantil tiene una explicación clara: cuando los niños y niñas regresan a la rutina escolar tras las vacaciones, su cerebro debe reactivar circuitos neuronales que habían estado en modo descanso. Durante las vacaciones, el sistema nervioso se relaja al no tener que anticipar constantemente qué viene después; sin embargo, al volver al colegio, la corteza prefrontal debe trabajar de nuevo a todo gas para  recuperar funciones ejecutivas como la atención sostenida, la planificación, el autocontrol y la regulación emocional

Este proceso de readaptación consume mucha energía ya que el cerebro necesita fortalecer de nuevo las conexiones entre la corteza prefrontal, y otras regiones del cerebro. 

Poder predecir que va a pasar a través de las rutinas, envía señales de seguridad al sistema nervioso, permitiendo que el cerebro libere recursos para el aprendizaje y la conexión social; por eso, cuando esta predictabilidad desaparece temporalmente, porque nos podemos en “ modo vacaciones” el cerebro entra en un estado más vigilante que se manifiesta en los niños como irritabilidad, rabietas, dificultad para concentrarse y resistencia a las transiciones. 

Investigaciones publicadas en Psychosomatic Medicine, por ejemplo, nos cuentan que además  el cerebro de los peques necesita varios días para hacer esta transición desde el estado de relajación hacia actividades estructuradas, y durante ese período de ajuste neuronal es completamente normal que los niños muestran más irritables. Por eso nosotros anticipamos a las familias en Diciembre que en enero sus peques volverán a la escuela con “lag” es decir que a los días de haber empezado es cuando empezaremos a notar este tipo de conductas.

Y entender todo esto desde la ciencia nos ayuda a ver estas reacciones no como «mal comportamiento», sino como el esfuerzo del cerebro de tu peque que aun esta en desarrollo y que en enero, el cerebro infantil está literalmente trabajando más…está  para volver a su funcionamiento habitual, aunque desde fuera parezca que “le cuesta”.

Ilustración cerebro infantil corteza prefrontal funciones ejecutivas neurociencia educativa síndrome postvacacional infantil

Social jetlag infantil: qué es y cómo afecta 

Aquí aparece un concepto clave para entender enero: el social jetlag.

El social jetlag se produce cuando el reloj biológico interno no coincide con los horarios impuestos por la vida social. No hace falta coger un avión para vivir un jet lag: basta con cambiar los horarios de sueño durante varios días o semanas.

Durante las vacaciones:

  • Se acuestan más tarde
  • Se levantan más tarde
  • Duermen siestas diferentes
  • Comen a horas distintas

El reloj interno del cerebro se adapta a ese nuevo ritmo. Y cuando llega enero, el reloj social (el cole, la escuela, las extraescolares, el trabajo, los horarios) exige otra cosa.

El resultado es una sensación muy concreta:

  • Cansancio matinal
  • Dificultad para activarse
  • Irritabilidad
  • Sensación de desajuste

No es pereza. Es biología. Ya hemos hablado que el cerebro necesita varios días —a veces semanas— para reajustar sus ritmos circadianos, regular la producción de melatonina y cortisol y volver a un ciclo sueño-vigilia estable.

Enero como “reacogida”, no como reinicio

En educación hablamos mucho de acogida en septiembre, pero enero necesita su propia “reacogida”.

Volver de las vacaciones no es empezar de cero, pero tampoco es continuar exactamente donde se dejó. Es un espacio intermedio. Un tiempo de transición, un puente.

Desde la neuroeducación, sabemos que el cerebro aprende y se adapta mejor cuando:

  • Se siente seguro
  • Las demandas son progresivas
  • Hay previsibilidad
  • El vínculo emocional está cuidado

Enero no es el mes para apretar, sino para reacomodar. Y esto es super importante saberlo para  ajustar expectativas según la etapa evolutiva y ver estos cambios con otra mirada.

Qué esperar según la etapa evolutiva

No todos los cerebros infantiles viven enero de la misma manera. La edad, el grado de maduración neurológica y la dependencia del adulto marcan grandes diferencias en cómo se manifiesta esta “reacogida” tras las vacaciones.

De 0 a 3 años: el cuerpo y el vínculo lo son todo

Si has leído algunos de nuestros artículos sobre regulación emocional,, sabrás  que en la primera infancia, el cerebro está en pleno desarrollo estructural. No hablamos todavía de autorregulación, sino de co-regulación: el niño o la niña se regula a través nuestro, del adulto, nuestra presencia, nuestro  tono, nuestra  mirada y nuestra disponibilidad emocional.

En esta etapa, enero puede vivirse con:

  • Llanto más frecuente o aparentemente “sin motivo”
  • Mayor necesidad de brazos, contacto y cercanía
  • Alteraciones del sueño (despertares, dificultad para dormirse)
  • Ansiedad de separación más intensa
  • Cambios en el apetito o en el juego

No es que el niño “recuerde” la rutina y la rechace. Es que su cerebro no anticipa el tiempo, vive en el presente, y el cambio brusco de ritmos, personas y espacios supone una desorganización interna.

Desde la neurociencia sabemos que:

  • El sistema límbico (emocional) domina completamente
  • La corteza prefrontal aún no puede modular emociones
  • El estrés, aunque sea leve, se expresa a través del cuerpo

Por eso, en enero, los cerebros infantiles necesitan:

  • Ritmos lentos y predecibles
  • Rutinas sencillas y repetidas
  • Adultos disponibles emocionalmente
  • Mucha validación corporal y afectiva

Aquí no hablamos de “mal acostumbrar”, sino de seguridad neurológica. Acompañar más no retrasa el desarrollo: lo sostiene.

De los 3 a los 6 años: el cuerpo habla antes que las palabras

En este momento  el cerebro está sigue estando profundamente ligado al cuerpo y a la emoción. La autorregulación todavía es muy inmadura y depende de nosotros que somos sus “ reguladores emocionales externos”.

En el segundo ciclo, las funciones ejecutivas empiezan a consolidarse: atención sostenida, planificación, control de impulsos. Pero aún están en construcción, y enero suele ponerlas a prueba.

En enero, es habitual observar:

  • Más frustración ante tareas que antes resolvían bien
  • Cansancio mental al volver a las demandas escolares
  • Mayor sensibilidad a la crítica o al error
  • Comentarios del tipo “no puedo” o “me sale mal”

No es un retroceso real. Es una reorganización interna.

El cerebro en estas edades  necesita:

  • Rutinas muy claras
  • Ritmos previsibles
  • Mucha presencia adulta
  • Lenguaje emocional sencillo

Desde la neuroeducación, es importante:

  • Ponerle palabras y validar las emociones, normalizar que volver cuesta
  • Ajustar el sueño de forma progresiva.
  • Introducir pequeñas anclas de rutina unos días antes, y no pasar del movo vacaciones al de “ cole “ de un día para otro.
  • Hacer las tareas por partes y darles tiempos
  • Ajustar expectativas
  • Acompañar sin infantilizar, pero sin presionar

El cerebro necesita pequeños logros para volver a confiar, forzar autonomía, exigir autocontrol o interpretar estas conductas como “mal comportamiento” suele aumentar el malestar.

En esta etapa, acompañar enero es sostener, no empujar.

Segunda infancia: 6-9 años : el choque entre lo que pueden y lo que sienten. 

En la segunda infancia, el cerebro entra en una fase de reorganización profunda previa a la adolescencia. Aumenta la autoconciencia, la comparación social y la exigencia interna.

En enero pueden aparecer:

  • Desmotivación escolar
  • Cambios de humor más sutiles
  • Cansancio cognitivo
  • Resistencia silenciosa o apatía

Aquí el malestar no siempre se expresa con rabietas, sino con desconexión.

Estos cerebros necesitan:

  • Sentirse escuchados sin ser juzgados
  • Espacios de conversación real
  • Menos presión por “recuperar el ritmo ya”
  • Tiempo para recolocarse emocionalmente

Acompañar enero en esta etapa es ofrecer presencia sin invadir y apoyo sin controlar.

El mensaje que más ayuda no es “venga, que ya eres mayor”, sino: “Es normal que cueste un poco volver. Vamos paso a paso.”

De los 9-12 años : exigencia externa y mundo interno en movimiento

En esta parte de la segunda infancia, el cerebro entra en una etapa de reorganización profunda previa a la adolescencia. Aumenta la autoconciencia, la comparación social y la exigencia interna.

En enero pueden aparecer:

  • Desmotivación escolar
  • Cambios de humor
  • Cansancio mental
  • Resistencia silenciosa

A veces no hay grandes explosiones emocionales, sino un apagamiento.

Aquí es importante:

  • Escuchar sin minimizar
  • Cuidar el descanso
  • Revisar expectativas académicas
  • Ofrecer espacios de conversación real

El cerebro de esta etapa necesita sentirse comprendido, no evaluado constantemente.

Estrategias prácticas para estas primeras semanas de enero 

Más allá de la teoría, la pregunta clave es: ¿qué podemos hacer esta semana para ayudar al cerebro a volver al ritmo?

La neurociencia lo tiene bastante claro.

1. Regular el sueño antes que cualquier otra cosa

El sueño es fundamental para el desarrollo cerebral, el sueño es la base. Sin sueño suficiente y regular, el cerebro no puede:

  • Consolidar aprendizajes
  • Regular emociones
  • Mantener la atención

La estrategia neurológicamente más efectiva es resetear los patrones de sueño de forma gradual una o dos semanas antes del inicio escolar, manteniendo horarios consistentes incluso los fines de semana y creando rituales 30-60 minutos antes de dormir (que incluya limitar el uso de dispositivos electrónicos). Este proceso permite que el ritmo circadiano del cerebro se recalibre sin generar un shock inmediato en el sistema nervioso.

2. Alimentar el cerebro de forma amable

El cerebro consume mucha energía. Una alimentación basada en frutas, verduras, cereales integrales y grasas saludables favorece la función cognitiva y la regulación emocional. Sobre todo viniendo de los días de excesos de Navidad. Menos ultra procesados, menos picos de azúcar, más estabilidad.

3. Movimiento diario, sin sobreexigencia

El ejercicio físico moderado mejora el estado de ánimo, la atención y la memoria. No hace falta deporte estructurado: caminar, jugar, bailar también cuenta. El movimiento ayuda al cerebro a “despertar”, y beneficia tanto la salud mental como el desarrollo de funciones ejecutivas. 

  1. Desafíos cognitivos ajustados

Juegos de mesa, puzles, aprender algo nuevo… pequeños retos que activen la curiosidad sin saturar. La plasticidad cerebral se estimula mejor desde el interés que desde la presión.

5. Cuidar el vínculo y el clima emocional

El cerebro aprende mejor cuando se siente seguro. Ofrecer empatía y reducir la presión innecesaria ayuda al cerebro a “restablecerse” más rápidamente. Frases como «sé que volver a la rutina es difícil» o «lo haremos despacio juntos» validan la experiencia emocional del niño y fortalecen la sensación de seguridad, permitiendo que el sistema nervioso salga del modo vigilante y regrese al equilibrio. Compartir tiempo, validar emociones, aceptar que enero es un mes de transición reduce el estrés y facilita la adaptación.

Enero no es un problema, es un proceso

Volver al ritmo en enero no es una carrera que haya que ganar, sino un proceso que hay que acompañar.El cerebro infantil no necesita prisas, sino coherencia,no necesita exigencia extra, sino comprensión. No necesita más estímulos, sino estabilidad.

Cuando entendemos lo que ocurre a nivel neurológico, dejamos de ver resistencia y empezamos a ver adaptación.

Y quizá entonces enero deja de ser el mes cuesta arriba… para convertirse en un mes de reajuste consciente.

Lo que enero también regala al cerebro infantil (aunque no siempre lo veamos)

En neurociencia, casi nunca hablamos de los cambios solo como un obstáculo. Todo proceso de reajuste es también una oportunidad. Y enero, aunque incómodo, tiene algo muy valioso para el cerebro infantil: es un tiempo de reorganización profunda.

Cuando el cerebro sale de la rutina y vuelve a ella, no vuelve igual. Vuelve con más experiencia, más memoria emocional y más capacidad de adaptación.

El cerebro aprende a adaptarse (y eso es una habilidad para la vida)

Cada vuelta a la rutina entrena una función clave: la flexibilidad cognitiva. Aprender que los ritmos cambian y que no todo es inmediato es un aprendizaje invisible, pero esencial.

Cuando acompañamos enero sin dramatizarlo, el cerebro infantil aprende algo muy importante: «Los cambios cuestan, pero se pueden transitar.» Eso es resiliencia, aunque no se note en el momento.

Se refuerzan los circuitos de autorregulación (poco a poco)

Volver al cole, madrugar, sostener la atención, gestionar la frustración… todo eso activa redes neuronales relacionadas con la autorregulación.

En enero:

  • El cerebro se equivoca más
  • Se cansa antes
  • Se desborda con más facilidad

Pero justo ahí está el aprendizaje. No en hacerlo perfecto, sino en intentarlo acompañado. Cada día que pasa, esos circuitos se refuerzan. No porque «se acostumbren», sino porque se entrenan.

Enero permite volver a mirar al niño real (no al ideal)

Las vacaciones rompen expectativas. Y enero las recoloca.

Este mes nos muestra con bastante honestidad:

  • En qué punto está cada niño
  • En qué necesita más sostén
  • Qué áreas están más frágiles
  • Qué rutinas ya no funcionan

Y esto, lejos de ser un problema, es una oportunidad pedagógica y familiar gigante. Enero te permite observar para ajustar la mirada, a dejar de pedir lo que «toca por edad» y empezar a acompañar lo que realmente está pasando en tu hijo o hija.

El vínculo se vuelve especialmente regulador

Cuando el cerebro está desajustado, el vínculo ya sabemos que es más importante que nunca. Y en enero, una mirada tranquila, una mañana sin prisas excesivas, una palabra que valida, regulan más que cualquier técnica.

Desde la neurociencia sabemos que:

  • El cerebro aprende mejor en seguridad emocional
  • La regulación empieza fuera antes que dentro
  • El adulto es un organizador emocional

Enero es un mes donde el acompañamiento consciente deja huella. No siempre visible, pero profunda.

Enero no es volver atrás: es integrar lo vivido

Las vacaciones no son un paréntesis vacío, son experiencia. El cerebro infantil no «pierde» lo aprendido, lo reorganiza. Integra vivencias emocionales, recoloca aprendizajes y se resignifican rutinas.

Por eso no tiene sentido exigir que todo vuelva a funcionar como antes desde el primer día. El cerebro no retrocede: está integrando.

Mirar enero con otros ojos

Quizá el mayor regalo de enero no sea que todo vuelva a la normalidad, sino que nos obliga a bajar el ritmo, a escuchar más y a acompañar mejor.

Cuando dejamos de pelear contra el proceso y empezamos a entenderlo, el malestar disminuye. No porque desaparezca, sino porque deja de vivirse como un fallo.

Y cuando acompañamos ese ajuste con presencia, coherencia y paciencia, el cerebro infantil hace lo que mejor sabe hacer: adaptarse, aprender y seguir creciendo.

Porque incluso cuando cuesta, el cerebro siempre está haciendo su trabajo.

¿Te ha resultado útil este artículo? Compártelo con otras familias que también estén viviendo la vuelta al cole en enero. Si quieres profundizar en estrategias de acompañamiento emocional basadas en neurociencia, descubre nuestro curso completo sobre pantallas y desarrollo infantil. Aquí estoy también para ayudarte con asesorías personalizadas, charlamos, vemos tu caso y vamos paso a paso. Escríbeme para reservar tu asesoría.

AUTOR: Fernando Bueno Padre de 2 y Guía Montessori.

5 de enero de 2026
0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *