¿Porqué a los niños de hoy les cuesta más sujetar el lápiz, atarse los zapatos o agarrar las tijeras?
Ideas para Regalos de Reyes
No sé si lo has notado estos últimos años, pero si eres educador o profe de infantil o primaria seguro que lo has percibido. Cuando hablo con compañeras maestras de infantil y primaria todas coinciden en algo que, preocupa y duele a partes iguales: cada vez llegan más niños y niñas a las aulas con menos lenguaje, menos motricidad fina, y menos coordinación óculo manual. Vamo, que cada vez tienen menos capacidad de manipular objetos básicos.
Les cuesta más sujetar un lápiz, abrochar un botón, atarse los cordones, usar tijeras, pasar las páginas de un libro o incluso mantener la atención unos segundos mientras usan sus manos para hacer alguna otra cosa. Y no hablo de casos aislados; hablo de una tendencia que se repite en escuelas de distintos contextos, ciudades y metodologías. Los expertos llevan años avisando de que algo está cambiando en la base del desarrollo infantil, y los docentes lo vemos cada mañana: los peques tienen menos práctica manual y eso está afectando a su lenguaje, a su autonomía, a su forma de explorar el mundo y a su manera de aprender.
Cuando leí por primera vez a María Montessori una de las frases que más me llamaron la atención, (y a la que acudo en todas mis formaciones) es: “las manos son los instrumentos de la inteligencia” En un primer momento no entendí la profundidad real de esa frase, porque no se trata solo de “hacer cosas con las manos”, sino de comprender que es en la manipulación donde el cerebro se construye, se organiza y se afina. Una mano activa es un cerebro activo. Una mano inmóvil es un cerebro que renuncia a una parte esencial de su desarrollo.
Y eso, justamente, es lo que está pasando ahora.
¿Por qué les cuesta más a los niños de hoy manipular objetos cotidianos?
La respuesta rápida y sin rodeos es esta: las pantallas.
Lo sabemos. Lo vemos. Lo confirmamos cada día en casa y en la escuela. El aumento de las horas frente a dispositivos (tablets, móviles, televisión, consolas de juego) ha reducido de forma drástica el tiempo real de manipulación. Antes los niños pasaban horas subiendo árboles, cambiándole de ropa a los muñecos, construyendo cabañas, recogiendo piedras, modelando plastilina o ayudando a poner la mesa. Ahora pasan ese mismo tiempo deslizando un dedo sobre una superficie lisa, sin textura, sin peso, sin resistencia. Un dedo que se mueve, sí, pero que no construye coordinación real. No hay esfuerzo, no hay precisión, no hay tridimensionalidad. Y cuando falta el movimiento, falta la experiencia. Y cuando falta la experiencia, se empobrece el desarrollo.
Pero hay más.
El problema no es solo lo que hacen con las pantallas, sino lo que dejan de hacer mientras las usan. Dejan de atarse zapatos, dejan de cortar fruta, dejan de abrir tuppers, dejan de tocar la tierra, dejan de girar pomos, dejan de sostener libros y pasar las hojas. El cerebro infantil necesita repetición, variabilidad y desafío, pero la pantalla ofrece lo contrario: velocidad, inmediatez y pasividad.
La manipulación desarrolla el lenguaje: lo que nadie te había contado
Este punto es vital y muchas veces pasa desapercibido. La motricidad fina no solo sirve para mover las manos y para poder coger objetos y tener “ mucha autonomía”, las manos son una puerta directa hacia el lenguaje.
Cuando un peque está manipulando objetos, activa áreas cerebrales relacionadas con la planificación, la secuenciación y la representación simbólica. Eso significa que, mientras construye, rompe, ordena, tira, abre, cierra o modela, está entrenando las mismas rutas de su cerebro que después usará para hablar. Porque no hay rutas específicas en nuestro cerebro para hacer una cosa u otra, o mejor dicho, no hay rutas que solo se usen para una cosa, solo para movernos, solo para el lenguaje…
Por eso los expertos insisten tanto en que los pequeños necesitan movimiento, presión, fuerza suave, texturas, resistencia, giro, pellizco, arrastre… Estos gestos minúsculos construyen conexiones neuronales y patrones que después sostienen palabras, frases, conceptos y narraciones. Un niño que juega con material real está creando lenguaje interno. Un niño que solo desliza una pantalla está recibiendo estímulos, pero no está creando nada propio.
Por eso vemos que llega a infantil una generación que, aunque entiende, ha adquirido muchas menos palabras, menos capacidad de describir lo que hace, menos precisión y menos tolerancia a la frustración motriz. Su mundo interno es más pobre porque su experiencia manual también lo es.

“Llegan sin poder pasar una página”
Esta frase, literal, la escuché hace unas semanas en una formación. Y da miedo porque no es un comentario aislado. Muchos maestros contábamos que los niños llegan con la musculatura de las manos más débil, con menos resistencia al agarre y con menos control para acciones sencillas como girar el pomo de una puerta, abrir un bote o simplemente apilar construcciones de madera.
¿Es culpa de las familias? No.
¿Es culpa de los niños? Mucho menos.
Estamos en un sistema que empuja al estrés, a la falta de tiempo, a la necesidad constante de “tener al peque entretenido” mientras hacemos otras cosas. Las pantallas se han convertido sin querer en “el salvavidas del día a día”. Y no se trata de demonizarlas, sino de volver a centrar el foco en lo esencial: el desarrollo infantil necesita manos ocupadas, no ojos hipnotizados.
¿Cómo revertimos este deterioro? Volviendo a lo básico
1. Que contribuyan en casa
No hay nada más poderoso ( y que les guste más) que permitirles participar en la vida real. Pero de verdad, cada uno acorde con la edad que tenga.
- Que ayuden a cocinar.
- Que remuevan la mezcla.
- Que laven frutas.
- Que pongan la mesa.
- Que limpien con una esponja.
- Que doblen ropa pequeña.
- Que barran migas.
Todas estas acciones activan la motricidad fina de forma natural y significativa.
2. Naturaleza: tierra, agua, ramas, piedras
La naturaleza tiene una infinita colección de texturas, pesos y temperaturas. Cavar, recoger hojas, colgarse de ramas, apilar piedrecitas, jugar con palos, mojar arena…Cada gesto es un entrenamiento cerebral.
3. Tiempo libre sin estructuras:
No necesitan juegos estructurados. Dejar que los niños inventen, necesitan tiempo libre, materiales abiertos, posibilidades reales de equivocarse, repetir, frustrarse y resolver por sí mismos. La repetición y la autonomía son esenciales para su aprendizaje.
4. Que tengan acceso a juguetes que permitan manipular
No hablo de juguetes electrónicos. Hablo de materiales sencillos: pinzas, cuentas, construcciones, rompecabezas, masas, herramientas de madera, objetos del día a día. Material que permite acción, movimiento, intención.
5. Limitar pantallas sin culpa y con acompañamiento
No se trata de prohibirlas, sino de asegurarnos de que no sustituyan experiencias reales y manipulativas. Si un niño pasa dos horas seguidas frente a una pantalla, es tiempo que no estará moviendo su cuerpo, su mano o su mirada hacia la experiencia real.
Dejemos que los niños sean niños
Dejemos que vuelvan a ensuciarse. A equivocarse. A investigar. A subir, bajar, apilar, romper y recomponer.
Porque no hay mejor inversión a largo plazo que las experiencias que construyen a través del cuerpo, mente y lenguaje desde dentro.
Los niños necesitan tiempo real, objetos reales, que pesen, texturas reales. Y necesitan adultos que no tengan miedo de que exploren, que les acompañen en sus pruebas y errores sin invadir. Porque cuando las manos trabajan, el cerebro florece. Y cuando el cerebro florece, el aprendizaje sucede.

Qué mirar en un juguete para que realmente ayude a manos, cerebro y lenguaje
Estas Navidades, antes de comprar un juguete, párate un segundo y pregúntate: ¿esto va a ayudar a mi peque a aprender de verdad o solo a entretenerse un rato? Porque no todos los juguetes son iguales, y algunos pueden incluso robar tiempo valioso de manipulación, exploración y lenguaje.
Primero, fíjate en que sea manipulativo. Que pueda agarrarlo, apretarlo, girarlo, encajarlo, apilarlo o clasificarlo. Cada gesto pequeño fortalece las manos, entrena la coordinación ojo-mano y despierta la concentración. Un simple juego de bloques de madera o bandejas de clasificar puede convertirse en un entrenamiento silencioso pero poderoso para su cerebro.
Segundo, que ofrezca desafío abierto. Los juguetes que dejan elegir cómo jugar, qué construir o qué secuencia seguir estimulan la creatividad y el pensamiento. Además, mientras el niño decide, explica o nombra lo que hace, está entrenando su lenguaje sin darse cuenta. Cada decisión, cada historia inventada, cada palabra, suma.
Tercero, que conecte con la vida real y los sentidos. Cosas como frutas para cortar, agua, piedras, arena, ramas, herramientas de cocina adaptadas… Todo eso aporta textura, resistencia y sensación, y hace que sus manos y su cerebro trabajen juntos, mientras aprenden paciencia y precisión.
Por último, que invite al juego compartido. Si puedes jugar con ellos o permitir que interactúen con otros niños, se potencia la comunicación, la narración y la colaboración, que son la base del lenguaje y de las habilidades sociales.
En pocas palabras: antes de comprar, piensa: “¿Este juguete permite tocar, pensar, crear y hablar?” Si la respuesta es sí, ¡has dado con un regalo que realmente construye desarrollo estas Navidades!
Qué buscar en un juguete que potencie manos, cerebro y lenguaje
Antes de comprar cualquier regalo esta Navidad, párate un momento y pregúntate: ¿este juguete va a aportar a mi peque de verdad o solo le va a entretener un rato? Porque no todos los juguetes son iguales, y algunos pueden incluso robar tiempo valioso de manipulación, exploración y lenguaje.
Un buen juguete para estimular motricidad, cerebro y lenguaje debe cumplir varias características:
- Manipulativo: Que pueda agarrarlo, apretarlo, girarlo, encajarlo, apilarlo o clasificarlo. Cada gesto pequeño fortalece las manos, entrena la coordinación ojo-mano y desarrolla la concentración. Bloques de madera, bandejas de clasificación o cuentas son ideales.
- Que sea abierto: que permita decidir cómo jugar, qué construir o qué secuencia seguir. Los juguetes abiertos fomentan creatividad, pensamiento crítico y lenguaje, porque los niños explican y nombran lo que hacen.
- Conexión con la vida real y los sentidos: frutas para cortar, agua, arena, piedras, ramas o herramientas adaptadas. Todo lo que tenga peso, resistencia y textura real ayuda a coordinar manos y cerebro, y a desarrollar paciencia y precisión. Si es un juguete que no sea de plástico sino de materiales “nobles” madera, metal…
- Juego Combinable: juguetes que no valgan solo para una sola cosa, y que puedan usarse o combinarse con otros, piezas de madera, imanes, piezas sueltas, figuras de animales…
- Que necesite a tu hijo para funcionar: La regal del 90/10. Si el juego o juguete hace solo el 10% y tu peque el 90%, ese es el bueno, el que necesita el cerebro de tu hijo para “encenderse”
En pocas palabras: busca juguetes que permitan tocar, pensar, imaginar, crear y hablar. Si cumple esas condiciones, habrás dado con un regalo que realmente construye desarrollo.

Ideas de juguetes respetuosos para estas Navidades
Si estas Navidades quieres regalar algo que realmente acompañe el desarrollo de tu peque —y no un juguete que solo haga ruido, luces o pantallas— te dejo aquí algunas ideas respetuosas, manipulativas y 100% alineadas con la crianza activa y la pedagogía Montessori:
1. Bandejas de clasificación y transferencia
Perfectas para la motricidad fina: traspasar con cucharas, pinzas, vasos.
Trabajan coordinación mano-ojo y concentración.
- Juguetes de madera sin instrucciones
Bloques, piezas sueltas, arcos, tablillas.
Material abierto que activa creatividad y pensamiento constructivo.
3. Mini herramientas reales adaptadas
Tornillos grandes, destornilladores, llaves, bancos de carpintero.
Favorecen precisión, presión y fuerza suave.
4. Material sensorial: cuentas, pompones, piedras pulidas
Para clasificar, secuenciar, ordenar y crear patrones.
5. Juegos de vida práctica
Tender ropa pequeña, cortar fruta con cuchillos seguros, exprimir, barrer, limpiar.
Autonomía real. Coordinación real. Vida real.
6. Plastilinas naturales y masas sensoriales
Modelar trabaja fuerza, resistencia y creatividad.
7. Libros con páginas gruesas
Invitan a pasar páginas, a explorar con calma, a sostener la atención y manipular.
Todos ellos son tipos de materiales que puedes encontrar en tiendas como Bonicos,Montessori para todos, mumuchu, o jugarijugar que trabajan desde la crianza respetuosa, la pedagogía activa y la importancia del juego real. Son regalos que no solo entretienen: construyen desarrollo.
Si aún te quedan regalos de Reyes que comprar, no compres cualquier juguete. Elige regalos que desarrollen manos, cerebro y lenguaje. Guarda este artículo, compártelo con otras familias y da a tus peques experiencias que realmente les ayuden a crecer.
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AUTORA: Marian Rodríguez. Mamá de dos, maestra de Infantil y Primaria, Asesora de familias y de centros educativos.

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