Inicio de año en familia: no empezar de cero, sino empezar con sentido.
Enero no como un reinicio, sino como un tiempo de pausa y ajuste.
Hay capítulos en las series que no empujan la historia hacia delante, que no traen giros inesperados ni grandes revelaciones. Son capítulos tranquilos. De recopilación. De pausa.
En las series suelen aparecer cuando una temporada termina y otra está a punto de empezar. Y enero, en la vida familiar, tiene mucho de eso.
No es un reinicio. Es un puente.
Enero no es un reinicio, es una transición
Pero el cuerpo no entiende de calendarios, y el cerebro infantil, todavía menos. Después de semanas intensas, de rutinas cambiadas, de encuentros, regalos, y de emociones a flor de piel , pretender que todo vuelva a su sitio el día uno porque si, suele generar más tensión que bienestar.
Para mi, siempre se lo digo a mis familias, Enero no es una línea de salida, en realidad es una transición y como todas las transiciones en la infancia necesitan tiempo y acompañamiento.
Y lo mismo nos pasa a los adultos, aunque lo disfrazamos de propósitos de año nuevo.
Por eso muchas familias llegamos a este supuesto mes de comienzo con una sensación difusa de cansancio, con más conflictos de lo habitual, con menos paciencia y con la incómoda idea de que algo no está funcionando cuando, en realidad, lo que está ocurriendo es profundamente normal. El inicio de año no es un problema que resolver, es un proceso que acompañar.
Lo que el año nos fue enseñando sobre la infancia
Al final de cada año solemos hacer balance de lo vivido, de lo conseguido, y también de lo que no salió como esperábamos.
A lo largo del último año hemos hablado mucho de la infancia real, no de la ideal, ni de la que encaja siempre con lo esperado o con lo que queremos los adultos.
Hemos hablado de límites, de pantallas, desbordes emocionales, adultos cansados que lo hacen lo mejor que pueden, de autonomía,de etapas que pasan demasiado rápido y de otras que parecen no acabar nunca, y en todas ellas hay una misma idea de fondo: los niños no necesitan que lo hagamos perfecto, necesitan adultos disponibles y presentes.
Si te apetece volver a algunos de esos contenidos, aquí puedes hacerlo con calma:
→ Lo que haces importa más que las palabras
→ ¿Por qué nos cuesta poner límites?
→ ¿Por qué damos pantallas a los niños?
Si miramos atrás, muchos de los contenidos que hemos compartido giran en torno a esa idea: que lo cotidiano pesa más que lo puntual, que el vínculo se construye en lo pequeño y que acompañar no es controlar.
Creo que para empezar el año nuevo hay que tener claro algo esencial: que la infancia no es una lista de objetivos, sino un proceso.
Los niños, niñas y adolescentes, necesitan que estemos disponibles para escuchar más allá de las palabras, para leer entre líneas, para comprender qué hay detrás de una conducta que incomoda o de una reacción que descoloca. Disponibles para sostener cuando no pueden sostenerse solos y para acompañar sin empujar cuando el mundo ya empuja demasiado. No es casualidad que muchos de los textos que más han resonado este año tengan que ver con mirar más allá de lo evidente, con recordar que lo que hacemos pesa más que lo que decimos y que la presencia cotidiana construye mucho más que cualquier gesto puntual.
Aquí enero se convierte en una invitación honesta a revisar desde dónde estamos educando. Y a hacerlo sin culpa.
Comenzar el año acompañando, no empujando
No creemos en empezar de cero. Creemos en empezar con más conciencia.
Enero es un mes de transición. Un tiempo para observar cómo están los niños y niñas tras el parón, sin acelerar procesos ni exigir adaptaciones imposibles.
Acompañar en este momento implica:
- bajar el ritmo
- sostener emocionalmente
- recuperar rutinas poco a poco
- y ajustar expectativas adultas
La vuelta a la rutina no es sólo logística. Es emocional y neurológica.
Enero, con su aparente promesa de orden, puede convertirse en una trampa si lo usamos para exigirnos más, pero también puede ser una oportunidad si lo usamos para recordar qué es lo importante y qué puede esperar.
Las prisas no son buenas para nadie, pero menos para la infancia y el ritmo frenético que tenemos los adultos suele chocar una y otra vez con las necesidades reales de niños y niñas, que no van más despacio por capricho sino porque así funciona su desarrollo. Encontrar equilibrio no es llegar a todo, es elegir mejor. Saber qué tenemos que elegir en función del momento del desarrollo en el que se encuentren.
Propósitos familiares con sentido (y sin presión)
Hablar de propósitos de año nuevo en familia no debería ser sinónimo de listas interminables ni de objetivos imposibles, sino de conversaciones honestas sobre cómo queremos estar juntos durante los próximos meses. No se trata de hacerlo perfecto, sino de hacerlo posible, y para eso es fundamental ajustar expectativas al momento evolutivo de cada niño y también al momento vital de los adultos que acompañamos.
Cómo hacer propósitos de Año Nuevo para niños y adolescentes en familia
Lo ideal si finalmente sois de hacer propósitos de Año Nuevo, es hacer esa lista en familia, juntarse con los niños y establecer objetivos saludables y ser realista acerca de esos objetivos. A los niños les encanta tener algo por lo que trabajar, que han decidido ellos.
¿Cómo hacer una lista de propósitos de año nuevo para niños? ten en cuenta la edad y no elijas demasiadas cosas para poner en la lista y que se abrumen.
En los primeros años, los propósitos no se formulan. Se viven.
Acompañar el inicio de año en familia con peques implica sostener rutinas sencillas, repetir gestos, ofrecer seguridad. Cosas como Recoger y ordenar los juguetes, cepillarse los dientes o lavarse las manos, probar alimentos nuevos, ( por ejemplo verduras ) ayudar a poner y recoger la mesa…son objetivos sencillos y que aportan a la rutina diaria que se pueden establecer hablando con nuestros peques.
No exigir autonomía emocional, y no pedir autorregulación donde aún no puede haberla.
De esto te hablamos aquí: El mito de la autonomía emocional: por qué los niños no pueden calmarse solos.
Entre los seis y los doce años, muchas necesidades pasan desapercibidas.
No hacen tanto ruido, pero siguen estando ahí.
Es una etapa donde los propósitos pueden tomar forma de hábitos compartidos como : leer juntos, compartir un deporte, poner límites claros al uso de pantallas.
Siempre desde el diálogo, permitiéndoles que participen y que los objetivos los propongan tanto ellos como nosotros. Nunca desde la imposición.
(Este punto conecta directamente con nuestro artículo: La Infancia Intermedia( 7-12 AÑOS): La Etapa Olvidad del desarrollo).
La adolescencia no necesita control. Necesita presencia adulta disponible.
Los propósitos aquí no se imponen. Se negocian.
Objetivos sencillos destinados a la salud ;cómo cuidar el descanso, mejorar la dieta para que sea saludable. (Por ejemplo: comer más porciones de fruta diaria) Buscar formas sanas de gestionar el estrés ( proponerles ir a yoga, escribir un diario…) , que hagan algún deporte , hablar cuando algo les preocupa, regular el tiempo de pantallas con compromiso y consensuado, buscar actividades para ayudar a la comunidad, Y genial si podemos sacar un poco de nuestro tiempo para compartirlo con ellos en algún hobbie compartido.
Puedes leer: Los adolescentes: esta época tan bonita (y a veces difícil) de acompañar
No ser perfectos, ser conscientes
Quizá uno de los propósitos más honestos para este inicio de año en familia sea dejar de aspirar a la perfección y empezar a practicar la conciencia. Saber retirarnos a tiempo cuando sentimos que vamos a explotar, pedir perdón cuando nos equivocamos sin añadir excusas, cuidarnos sin sentir que estamos siendo egoístas y recordarnos que nuestras necesidades también importan porque una familia se sostiene mejor cuando quienes acompañan están mínimamente bien.
La culpa no educa.
La presencia, sí.
Aceptar nuestras sombras, soltar la exigencia constante y permitirnos disfrutar del camino sin convertir cada día en un examen es una forma profunda de respeto hacia la infancia y hacia nosotros mismos. Porque dentro de no tantos años, este caos pequeño que ahora nos desordena el alma será justo lo que más echemos de menos.
Yo, por mi parte para este año me propongo disfrutar más de la experiencia de la maternidad, de esa parte que viene dada sin querer, las reuniones del cole, las prisas, los horarios de ir de un lado al otro a extraescolares … Pero me propongo sobre todo sacar tiempo de debajo de las piedras para seguir disfrutando las cosas pequeñas, las “ timbas” de cartas, las construcciones colaborativas de lego, las tardes de pintura con acuarela y los paseos por el campo.
Me propongo escuchar con más amor, con los 6 sentidos, para escuchar a mis hijas de verdad, para poder ver cuales son sus necesidades y las mías ( y reconocerlas también) . Me propongo también parar antes de hablar, para evitar decir cosas que hieren cuando mi cerebro está destapado y poder acompañar mejor. Para poder abordar desde la calma las situaciones complicadas, siendo ejemplo y guía.
Me propongo también ser justa con las expectativas. Y no intentar llegar a todo. y no esperar que sean más de lo que son, dos maravillosas adolescentes con sus momentos de destape que no son personales. Olvidarme de intentar ser una madre perfecta y darme palmaditas en la espalda por ser la madre que soy.
Enero, rutinas y acompañamiento sin prisas, vuelta al cole y a las rutinas
La vuelta a la rutina en enero suele vivirse como una carrera contrarreloj cuando, en realidad, es un proceso que necesita tiempo de acogida. Igual que ocurre en el inicio del curso, el cerebro infantil necesita un margen para reajustarse, para volver a concentrarse, para recuperar ritmos de sueño y de actividad sin sentirse constantemente evaluado. Forzar esta adaptación solo genera más resistencia, más conflictos y más sensación de fracaso.
Acompañar enero implica aceptar que durante unas semanas todo puede ir un poco más lento y que eso no significa hacerlo mal, sino hacerlo acorde al momento. Implica poner límites sin dureza, sostener emociones sin dramatizar y ofrecer una presencia adulta que no huye cuando aparecen las dificultades. Porque educar no es eliminar los conflictos, es atravesarlos juntos.
Un nuevo año, la misma mirada. Empezar el año acompañados
Este nuevo año no necesita grandes promesas ni cambios radicales, necesita continuidad, mirada larga y menos ruido. En ECOM seguiremos acompañando a familias y educadores que sienten que educar va de algo más profundo que cumplir expectativas, que saben que la infancia no se acelera sin consecuencias y que entienden que el verdadero trabajo educativo ocurre en lo cotidiano.
Este año que empieza seguiremos defendiendo algo sencillo y profundo: que educar no va de hacerlo todo mejor, sino de entender mejor lo que está pasando. Seguiremos hablando de infancia, de educación consciente, de pantallas, de emociones y de adultos que también necesitan ser acompañados.
Habrá nuevos contenidos, nuevas formaciones y espacios de asesoría para familias y educadores.
Todo cocinado despacio.
Como se hacen las cosas que importan.
¿Te apetece seguir aprendiendo con nosotros? Cada familia es diferente. Aquí estamos para ayudarte desde nuestras asesorías y acompañamientos , donde podemos guiarte paso a paso para crear un entorno seguro, rico y estimulante. Escríbeme para reservar tu asesoría.
AUTORA: Marian Rodríguez. Mamá de dos, maestra de Infantil y Primaria, Asesora de familias y de Centros educativos.

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